Jorge Lozano
El lujo es doble, superfluo y necesario, ostentoso y exquisito, indica la
dignidad y el exceso desordenado. Se relaciona con la exuberancia y con el sacrificio, con el regalo y con la humillación. Con el derroche y con el potlatch –ceremonia de rivalidad para conseguir prestigio mediante la ofrenda de grandes regalos que obligan al donatario a responder con otros de mayor valor– del que existen aún hoy vestigios. En tanto que parte maldita (Bataille), la dépense, el derroche, el lujo auténtico exigiría el desprecio cumplido de la riqueza. Un esplendor infinitamente arruinado. Y con la muerte (y con la pena), como muestra el luto y el adjetivo derivado del sánscrito «lúgubre».

