Artículo de opinión en infoLibre
Miguel Martin
Publicado el 30 de mayo de 2026
Dice una canción del grupo No Konforme lo siguiente:
“He aprendido que una vida sin ideales no es nada
No conozco ningún rico que se forre de manera honrada”
Unos versos muy apropiados para los tiempos que corren, cuando el estallido de un nuevo escándalo de corrupción asociado al cobro de supuestas comisiones ilegales por parte del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero amenaza con derrumbar la legitimidad moral del presente Gobierno.
Ahora bien, al igual que con el caso de las mascarillas vinculado al exministro José Luis Ábalos, tengo la sensación de que gran parte de la discusión política y mediática —tanto en redes sociales como en platós de televisión o tertulias radiofónicas— está errado, sobre todo en relación con los puntos centrales hacia los que se está tratando de focalizar nuestra mirada.
Se habla más de infidelidades, vicios y bajas pasiones que de las estructuras y entramados aparentemente legales que posibilitan estas malas prácticas. Hasta el punto de que el modo de informar sobre las investigaciones judiciales que se han puesto en marcha en ambos casos se asemeja más a un serial sensacionalista que a un proceso por el que se pretende arrojar luz sobre la trama corrupta en cuestión y sus causas. Porque de lo que parece tratarse no es tanto de revelar una verdad, sino de impactar emocionalmente en la audiencia: a unos para reconfortarlos en su revanchismo y a otros para minar su moral.

