Eric Landowski
Sin embargo, por otro lado, sabemos bien que lo que es de orden puramente reactivo (la indignación, por ejemplo) no aumenta en nada la inteligibilidad de los fenómenos y no sirve como análisis. De ahí la necesidad de asumir, en el plano epistemológico, una posición relativamente compleja, en la que las posiciones del sujeto y del objeto se interpreten. Más que pretender resolver una vez por todas, categóricamente, las ambivalencias inherentes a una semiótica in vivo, es necesario admitir que solamente es posible hallar en la práctica y por la práctica del análisis mismo, caso por caso, una manera adecuada de ajustar el propio régimen de mirada de uno a la naturaleza y a las propiedades del objeto. En esas condiciones, ¿por qué no reconocer que nuestra disciplina no es —¿no todavía?— una «ciencia» en sentido estricto, o al menos según la acepción positivista del término? Para nosotros, sería efectivamente más bien una cierta mirada sobre las cosas: una mirada que intenta ser tan rigurosa, que aquel que mira (y que construye), sabe bien que en realidad sus pretendidos objetos no tienen sentido, para él, más que en tanto sepa reconocer en ellos a los sujetos que en respuesta, ellos mismos, le están mirando a él.

