Umberto Eco
Le estoy hablando y usted me comprende, porque sigo las reglas de un código preciso, tan meticuloso que incluso puedo hacer uso de él con una cantidad grande de variaciones fonéticas y gramaticales. Su poderosa estructura subyacente funciona en cierta medida como un imán que magnetiza y atrae mis posibles desviaciones de la norma. Usted me comprende porque existe un código (una especie de competencia interna que usted y yo compartimos) y unos mensajes posibles, realizados como locuciones concretas e interpretables como un conjunto de proposiciones.

