Texto (teoría del)

Roland Barthes

Desde el punto de vista etimológico, el texto, en esta acepción clásica, forma parte de un conjunto conceptual cuyo centro es el signo. Se empieza a saber actualmente que el signo es un concepto histórico, un artefacto analítico (e incluso ideológico), y sabemos que existe una civilización del signo, que es la de nuestro Occidente, desde los estoicos hasta mediados del siglo XX. La noción de texto implica que el mensaje escrito se articula como el signo: por una parte, el significante (materialidad de las letras y de su encadenamiento en palabras, en frases, en párrafos, en capítulos), y, por otra, el significado, sentido a la vez original, unívoco y definitivo, determinado por la corrección de los signos que lo transmiten. El signo clásico es una unidad cerrada, cuyo cierre detiene el sentido, le impide temblar, desdoblarse, divagar; ocurre lo mismo con el texto clásico: cierra la obra, la encadena a su letra, la clava en su significado. Por lo tanto, invita a dos clases de operaciones, ambas destinadas a reparar las brechas que mil causas (históricas, materiales o humanas) pueden abrir en la integridad del signo. Estas dos operaciones son la restitución y la interpretación.